viernes, 21 de agosto de 2026

 Costelación de Románticos…

Conciertos del Festival Internacional de Santander 21-8-26 

 

Orquesta Real de Suecia

María Dueñas, Violín

Alan Gilbert, director

 

Mozart, Obertura de La Flauta Mágica K. 620

Max Bruch, Concierto para violín n. 1 en sol menor, op. 26

Wilhelm Stenhammer, Serenata en fa mayor, op. 31

Wagner, obertura Tannhäuser

 

The Constellation Choir and Orchestra

Sir John Eliot Gardiner, director

Hilary Cronin, soprano

Sam Cobb, soprano

Jonathan Hanley, tenor

 

Brahms, canción del destino, op. 54

Mendelssohn, sinfonía n. 2 en si bemol mayor, op. 52

 

Una noche más, nos reunimos en la sala Argenta del Palacio de Festivales de Cantabria para asistir a dos mágicas veladas del 75 Festival Internacional de Santander. En eta ocasión se escucharán compositores muy conocidos, como son Mozart y Wagner, Brahms y Mendelssohn, pilares de la música clásica occidental, y otros dos que no lo son tanto, llamados Max Bruch y Wilhelm Stenhammer. 

 

En anteriores entradas, hemos hablado del Clasicismo, del Barroco y del primer Beethoven. En esta ocasión, me gustaría ofrecer algunas pinceladas sobre le música romántica, visto que todos, excepto Mozart, pueden encajar en el siglo XIX (aunque con Mozart podríamos hablar largo y tendido sobre a qué época pertenece; puede que en otro momento).

 

El siglo XIX es una etapa en la historia del ser humano amplia y muy compleja. De hecho, no hay acuerdo en ubicarlo temporalmente. Como lo que nos interesa en este blog es, sobre todo, la música, propondré esta temporalización: comenzaría alrededor de la imponente  3ª sinfonía de Beethoven (1804) y finalizaría con la música de Debussy y el comienzo de la Primera Guerra Mundial (1914). Es decir, se inicia en Viena y acaba en París. Entre medias, infinitos compositores con sus infinitas obras, en una época extremadamente variada en sus manifestaciones y tendencias. En el ámbito político-social podríamos rastrear sus orígenes en la Revolución Francesa de 1789 y el inicio del caso Napoleón, seguida por la Restauración y el Congreso de Viena de 1815, que pondrán fin a las guerras napoleónicas y crearon cierta estabilidad política. Siguieron las revoluciones de 1830 y 1848, que cambiaron la geopolítica y el pensamiento de esta Europa, ya muy envejecida, para llegar así al decadente fin de siglo, antecedente del primer conflicto mundial y de las primeras vanguardias artísticas.

Es una época industrial, dominada por la máquina de vapor y el ferrocarril, la era de la técnica y del progreso, que tendrán su reflejo en el virtuosismo musical (Liszt, Paganini, Chopin, Granados…). La filosofía propugna el subjetivismo y la exaltación romántica, unida al idealismo alemán, que dará pie, unos años más tarde, al nihilismo de Nietzsche. Este propondrá la idea del “superhombre”, que acabará provocando la Primera Guerra Mundial. Esa “cierta estabilidad política” de principios de siglo y la revolución industrial fomentaron la aparición de una clase media potente, apasionada por la música y que quiere sustituir a la aristocracia en el consumo artístico. Nace así la cultura del concierto, el auge de los editores musicales y la ingente venta de pianos domésticos. 



Ya tenemos un pequeño contexto. Ahora bien, el primero que comenzó a hablar de música romántica fue E.T.A. Hoffmann (el de los cuentos de Hoffmann, al comentar la 5ª sinfonía de Beethoven (1808). ¿Qué música es esta? Según sus palabras: “…la música abre al hombre un reino desconocido; un mundo…en el que abandona todos los sentimientos que pueden ser determinados por conceptos para entregarse a lo inefable”. Ahí está la cuestión, que defenderá también la filosofía del siglo XIX. La música es la encargada de presentar el ser humano lo inefable, todo aquello que no puede expresarse a través de las palabras, que va más allá de todo. Podremos verlo claramente en el 
Tannhäuser de Wagner. En esta obra, el compositor alemán lleva al límite la ópera romántica y le que se añade su toque místico y legendario. Es decir, traduce en música la filosofía de Schopenhauer: el impulso ciego, primigenio y básico del ser humano que anhela ser satisfecho pero que nunca llega a serlo, recibe el único consuelo en la música, sin la cual, sólo tiene cabida la muerte. 



Me gustaría invitar a todos aquellos que asistan, no sólo a este, sino a cualquier concierto, que tengan presente este tipo de idea. Seguro que la escucha y el disfrute serán, cuanto menos, diferentes; sobre todo cuando tenemos estas maravillosas obras con unos intérpretes de primera categoría. 

 

En cuento a géneros musicales, el Romanticismo siguió cultivando los que se venían desarrollando en el Clasicismo, aunque ampliados y transformados. Miniaturas, Lied, poemas sinfónicos, drama musical, sonata, concierto y sinfonía, ocupan casi la totalidad de la producción romántica.

Por otro lado, es interesante apreciar de qué manera la música avanza en paralelo con el desarrollo del ser humano. Hemos comentado el cambio tecnológico que vivió este siglo; pues bien, la música corre de la mano de estos cambios. Cuanto más tecnológica se hace una sociedad, aumenta su nivel de ruido; de ahí que las dinámicas de las partituras vayan creciendo cada vez más. Podemos notar cómo en las obras aparecen dinámicas cada vez más suaves (indicadas por la letra p, pp, ppp) o más fuertes (f, ff, fff en las partituras), llegando a finales del siglo XIX y principios del XX a compases casi inaudibles o extremadamente estruendosos. Lo mismo ocurre con las velocidades (pasajes rapidísimos o lentísimos), con los juegos de timbres, con los registros musicales, apareciendo notas muy muy graves o agudísimas…

Todo esto y mucho más es el Romanticismo. 

 

Buenos conciertos

 

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