El Barroco y la obra de arte total
Concierto del Festival Internacional de Santander 18-8-26
Carnaval Barroco y Le Poéme Harmonique
Músicas de Maletti, Fásolo, Kapsberger y Monteverdi
En la última entrada estuvimos hablando del estilo clásico, en general, y el de Beethoven, en particular, con motivo del concierto del pianista Grigory Sokolov. Ahora viajaremos hacia atrás en el tiempo para irnos al Barroco de la Francia de Luis XIV, de los salones de Versalles, de los bailes y las pelucas.
El estilo barroco musical suele enmarcarse entre los años 1600 y 1750 aproximadamente, es decir, desde el nacimiento de la ópera hasta la muerte del gran genio Johann Sebastian Bach. Es una época muy convulsa, donde podemos observar innumerables cambios en todos los aspectos de la vida de los habitantes de los países europeos. Todo se revuelve y entra en crisis; el clima cambia y comienza una era de frío extremo, comienza una crisis económica, social y política, marcada por los grandes conflictos bélicos. Crisis demográfica, con enfermedades, pestes y hambrunas; e incluso ideológicas. En definitiva, un cambio total.
Se experimenta un momento de agitación pero, curiosamente, también de calma. Emoción y pasión, lujo y esplendor recargado en las Cortes, pero muerte y pobreza en las calles. Un mundo paradójico, lleno de contrastes.
Los intelectuales tuvieron a bien desarrollar la llamada “teoría de los afectos”, que impulsó la valoración ética de la música, es decir, el poder de la música para expresar estados de ánimo, sentimientos y emociones. Eso explica que se desarrollara la música instrumental pura, sin parte vocal, para poder expresar estos afectos. Lo que, a su vez, llevó al desarrollo y mejora de algunos instrumentos musicales (cuerda, viento, teclado…), permitiendo la aparición y uso de otros tantos géneros musicales (concierto, tocata, sinfonía, fuga…). Eso no quiere decir que se dejara de lado la música vocal, todo lo contrario.
El pasado 12 de agosto pudimos presenciar un acontecimiento histórico, que reunió a millones de personas alrededor del sol. Algo parecido a lo que sucedía, en la corte de Luis XIV, el rey sol, todos los días. El rey eclipsaba el día a día de todos aquellos que pertenecían a su corte, y no eran pocos. Un día a día que estaba lleno de música, siendo el propio monarca un excelente bailarín y cuya mano derecha fue el famoso Lully (para los más curiosos, aconsejo leer un poco sobre este personaje y su “cómica” muerte).
Nuestro mundo no se aleja mucho de esa corte en la que todo era música, apariencia y, en definitiva, teatro. De la misma manera, el eclipse fue una maravillosa obra de teatro escrita por la Naturaleza. Una obra en la que nosotros éramos, al mismo tiempo, actores y espectadores. Es el Gran Teatro del Mundo, como la pieza magistral del grandísimo barroco e inmortal Calderón de la Barca (1600-1681). Nuestro pequeño mundo y el Universo entrelazados en perfecta armonía y, al mismo tiempo, en el caos más absoluto.
Johannes Kepler allá por 1619 publicó su Harmonices mundi, donde exponía y calculaba las correspondencias musicales que suenan como una sinfonía del universo.
Así pues, vemos de qué manera todo se entrelaza, todo fluye y todo se ve afectado por el barroco y su contexto. Wagner hablaría de la obra de arte total, pero ya Calderón la anticipó. Una obra de la que la música, la pintura, la arquitectura, la poesía, la moda…incluso la jardinería (esos jardines de Versalles…), se movía al mismo ritmo, con las mismas florituras, adornos y gorgoritos.
Algo así será lo que se encuentra en lo que vamos a presenciar con este poco frecuente espectáculo: la unión de las artes, también las circenses, personajes de la Commedia dell’Arte italiana con sus máscaras y personalidades, líneas vocales claras y embellecidas por multitud de complejos adornos con acompañamientos instrumentales, que nos recuerdan siempre al mundo de la danza, muy rítmicos y percusivos. Y el humor…que no se pierda nunca esa característica única del ser humano que es la risa.
Buen concierto
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